Raices de la Fidelidad - OL- GS Carisma

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Recientemente, en algunos documentales de la televisión, uno de los temas más tratados es la falta de fidelidad en las relaciones matrimoniales de los líderes políticos de varios países. Lo más notable es el sentido de vergüenza pública y de traición sufrido por sus esposas, quienes en estas circunstancias difíciles permanecieron fieles a sus maridos. O mejor, podríamos decir que fueron fieles a sí mismas como mujeres comprometidas en amar y servir a sus países respectivos.

Esta experiencia contrasta totalmente con la absoluta seguridad que podemos tener en la fidelidad de Dios para nosotros/as y con todo el cosmos que Dios sostiene y recrea continuamente. Sabemos del modo en cómo Dios se ha comprometido a amar y bendecir al pueblo de Israel y a toda la creación, en los pactos que hizo con Noé, Abraham y Moisés. También los profetas, y en particular Oseas (11:1-4), expresan esta fidelidad con palabras tiernas de amante y de madre.

El fundamento de nuestra confianza inquebrantable en la fidelidad de Dios que fluye de la encarnación, está resumida de una manera muy precisa en la primera carta de San Juan: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. " (1 Juan 4, 10) Esta fidelidad se llama en hebreo "emurah" y expresa la "solidez" en la que definitivamente podemos apoyarnos: Dios, quien es absolutamente fiel y absolutamente paciente.

La fidelidad implica una relación donde hay reciprocidad y un compromiso mutuo de confianza. La iniciativa de sentirnos amados/as incondicionalmente y siempre, parte de Dios. Esta conciencia, nos llama a responder a ese amor con  amor, en fidelidad.  Nuestra fidelidad interior a ser las personas que Dios nos ha llamado a ser y nuestra confianza en la fidelidad de Dios hacia nosotros/as, se expresa externamente cuando vivimos de acuerdo a los valores del Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia.

¿Qué sentimientos surgen en tí cuando reflexionas sobre la fidelidad de Dios?
Lleva estos sentimientos a la oración y pide a Dios que te ayude a profundizar en su fidelidad.

Es importante recordar que cuando hablamos de fidelidad, no hablamos de una fidelidad "estática", al pie de la letra de la ley o de una fidelidad que quiere mantener las cosas siempre como son. Hablamos de una fidelidad dinámica o creativa. Las palabras "fidelidad creativa" vienen del filósofo católico existencialista francés Gabriel Marcel
que trató de encontrar el significado de la fidelidad en las relaciones interpersonales mientras, teniendo en cuenta el carácter imprevisible del desorden en la vida.

Al vivir en fidelidad creativa tratamos de vivir una actitud de confianza que se prolonga en el tiempo, con todos los cambios que esto conlleva. Dios nos hizo co-creadores de la persona que podemos llegar a ser, a través de las decisiones que tomamos en nuestro camino progresivo hacia la libertad.  Así para ser fieles, necesitamos ser creativos y abrazar nuestros cambios interiores, los cambios de los que nos rodean y los cambios del mundo en que vivimos. La fidelidad creativa es un proceso vivo. Tiene que ver con el don de ser y devenir. Se trata de ser fiel a nuestro ser interior y a nuestro devenir evolutivo. Santa Catalina de Siena lo decía de una manera muy bella: "Sé quién Dios te ha llamado a ser y serás capaz de incendiar el mundo."

Para ayudarnos a explorar el proceso de fidelidad creativa para ser y devenir lo que estamos llamados/as a ser, quisiera invitaros a leer la historia del encuentro de Jesús con la Samaritana, en el pozo de Jacob.  (Juan 4, 5-30).

El pozo une a dos personas entre las que se desarrolla una relación importante: la Samaritana, rechazada por sus vecinos y que para evitarles viene a coger agua sola a la hora más calurosa del día; y Jesús, cansado, quiere tranquilad y deja que sus discípulos vayan a comprar solos.  

Ninguno de los dos piensa encontrar en el pozo a otra persona. La mujer está sorprendida de que, un judío, que no debe relacionarse con Samaritanos y sobre todo con una mujer, le pida de beber. Jesús empieza la conversación rompiendo el hielo!  La primera palabra de su respuesta "qué", podría interpretarse como  "¿qué estás haciendo aquí?". Así empieza la conversación, como un juego de ping-pong entre los dos.

El dialogo inicial comienza con los desafíos para obtener agua del pozo, si uno no tiene un recipiente para sacarla. Jesús la lleva más allá, hablándola de una sed profunda de agua viva. Ella puede ver lo importante que fue el venir al pozo sigilosamente en el momento más caluroso.  

Cuando Jesús ayuda a la Samaritana a hablar de su verdadera situación marital, parece que la libera y empieza a darse cuenta de que él puede ser una especie de profeta. Cuando le dice que ella sabe que llegará el Mesías, llamado Cristo, y nos dirá todas las cosas, provoca la afirmación clara y simple de Jesús: "Yo soy, el que te está hablando." Esto es parte de la revelación de la identidad divina de Jesús en Juan.

Así podemos ver que se ayudan el uno al otro a descubrir la verdad de sí mismos. Jesús tuvo el espacio y la reciprocidad para expresar claramente quien es él. A través su relación con ella, la mujer se siente liberada y dejando el cántaro de agua vuelve a la ciudad. Pierde el miedo a lo que sus vecinos puedan pensar de ella y mira con confianza a la gente, invitándoles a venir y ver este hombre que la devolvió su identidad y quien ella piensa que es el Mesías. Se siente enviada y responde sin vacilaciones.

El movimiento hacia lo "más" que es uno de los principios fundamentales de la historia del universo, existe también en nuestras vidas humanas. Estamos siempre en proceso de evolución hacia este "más". Esto explica el que  nunca nos encontremos totalmente satisfechos/as y el que siempre experimentemos una cierta sensación de sed interior.

La historia de Jesús y de la Samaritana muestra que la llamada a ser lo que somos es algo progresivo y se desarrolla gradualmente, a menudo en formas inesperadas. Nos llama a la verdad de lo que somos y al "más allá" que podemos llegar a ser. Se trata muchas veces de acontecimientos de la vida, de nuestra relación con los demás y con sus necesidades, y que nos llevan a un lugar más profundo de nosotros mismos y, al mismo tiempo fuera, hacia los demás y el cosmos. Necesitamos permanecer atentos si queremos oír la profundidad de las nuevas llamadas en nuestras circunstancias cambiantes y en las diferentes estaciones de nuestras vidas. La contemplación y el dialogo nos permiten conocer  este "más" al que somos llamados.

Imagínate el pozo con Jesús.

Habla con él de la sed de Dios que tienes en tu corazón, ahora.  

Escucha como te lleva hacia este "más" que puedes alcanzar.
  
            
Alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad  (Salmo. 138, 2)





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