Perdón y Reconciliación - OL- GS Carisma

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"Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz" Lc. 1,78-79

Cuando hablamos de experiencias de misericordia, necesariamente tocamos el proceso de pasar por momentos de perdón que nos conducen algunas veces a la reconciliación. Debemos recordar siempre que el perdón y la reconciliación son dones de Dios, quien siempre toma la iniciativa. A nosotros/as nos toca abrirnos y responder a ese don.

No hay convivencia humana sin perdón.
Los seres humanos necesitamos vivir el perdón continuamente. Perdonarnos por no ser las personas que queremos ser;  perdonar a los demás por ser diferentes  a nosotros/as y perdonar a Dios por ser siempre desconcertante cuando sus caminos no son nuestros caminos.

En las actitudes y mensajes de Jesús es posible aprender una nueva forma de relacionarnos: vivir perdonando. Esto provocó asombro para quienes lo veían, pues pensaban que sólo Dios podía perdonar (Mc 2, 7). Es cierto que perdonar no es sencillo, pues implica un proceso. Perdonar es un camino que nos humaniza.

¿Recuerdas algún momento en el que te sentiste perdonado/a? ¿Cómo han sido tus experiencias de perdonar? ¿Qué descubres en ellas?

¿Cómo podemos vivir el perdón a la manera de Jesús?

Es preciso romper con el circulo vicioso de la ley del talión- "Han oído que se dijo… pues yo les digo, no resistáis al mal; antes bien al que te abofetea en la mejilla derecha ofrécele también la otra; al que quiere pelear contigo para quitarte la túnica dale también el manto; a quien te obligue a caminar con él una milla, camina con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le des la espalda…ama a tus enemigos y reza por los que te persiguen." (Mt. 5,38-44)

¿Cómo te resuena esto? ¿Qué reflexiones te surgen? ¿Qué cambios necesitas hacer en tu vida para vivir desde el perdón?

En una nueva forma de relacionarnos, el perdón es imprescindible. Perdonar implica tocar nuestra propia vulnerabilidad humana y nuestros instintos de protegernos del dolor; protección que nos impide salir de nosotros/as mismos/as  para encontrarnos con la experiencia del otro/a y ver desde fuera la situación, dejando de lado el sentirnos víctimas.

Cuando rompemos el ego y nos permitimos asumir nuestra fragilidad, en relación con la fragilidad de los demás, surge la reconciliación.  Somos parte de la creación que es frágil y ser frágiles puede ser una de nuestras fortalezas. "Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias en las necesidades, en las persecuciones y angustias sufridas por Cristo pues cuando soy débil entonces es cuando soy más fuerte" (2Cor 12, 10).
 
Es posible construir caminos que armonicen las diferencias, ya que en Jesús hemos sido todos/as reconciliados/as, "ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya todos nosotros somos uno en Cristo Jesús." (Gal 3,28)

Algunos mensajes de Santa María Eufrasia nos revelan su interés por establecer relaciones de perdón. Cuando se daba cuenta de haber ofendido a alguien, no podía dormir antes de haber pedido perdón. "Que no se pusiera el sol sobre su enojo" (Ef 4: 26). Para ella  el perdón era una práctica constante. Lo notamos cuando perdonó en situaciones graves y dolorosas.  "El Cielo la perdona y mi corazón la recibe, mi querida hija y conociendo el suyo, yo no quiero hacerle comprar la felicidad del regreso. Dejo también a la gracia el llevarle a la reparación que usted cree se debe hacer… Aquí usted encontrará a Dios, la paz y la felicidad. Ni una sola recriminación le será dirigida…"


San Juan Eudes  escribió un gran número de texto sobre el tema y la experiencia del perdón. Para él es necesario vivir pidiendo perdón a Dios por resistirnos a dejarlo ser en nosotros.
Es decir, por no vivir el amor, la misericordia, la justicia, la gratitud, por hacer mal uso de los dones que nos dio. Y no solo hay que pedir perdón a Dios, sino entre nosotros/as en todo momento.

La reconciliación nos hermana en una "casa común" y nos permite una forma distinta de concebir nuestras relaciones en el cosmos. Es preciso hacer un proceso de cambio de mentalidad, que Juan Pablo II ha llamado "conversión ecológica"
: "…debemos alentar y apoyar a la "conversión ecológica", que en las últimas décadas ha hecho a la humanidad más sensible a la catástrofe a la que ha sido sometida."

Elige un lugar atractivo de la naturaleza. Escucha cómo Jesús te invita a perdonarte y perdonar  a los demás. También te invita a una conversión ecológica. ¿Qué oyes?

Recuerda que bajo el sol se teje una nueva forma de vivir. Déjate consolar y aconsejar por Dios en la creación.

San Juan Eudes  te comparte esta oración.  Termina tu reflexión con ella:

"Admiremos  la misericordia divina y sus efectos en el universo y en especial en nosotros/as. Démosle gracias por ello. Pidámosle perdón por los obstáculos que le hemos puesto. Entreguémonos a ella para que nos revista de sí misma y nos ayude a ser compasivos con la fragilidad de todas las personas".






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