Misericordia - OL- GS Carisma

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Hoy nos disponemos a vivir una experiencia de la misericordia de Dios experimentándola como lluvia. Una lluvia suave, que acaricia la tierra con amor, que la transforma y la fecunda.
 
Sugerimos iniciar con este canto: "Llueve tú" de Aim Karem; se puede ver el video.

Todas las personas sabemos del proceso del agua para transformarse en lluvia. El sol que da calor a la creación, calienta el agua que se encuentra en los mares, ríos, lagos y lagunas y forma el vapor. El vapor sube hacia arriba y se convierte en nubes. Si la temperatura es baja entonces, las nubes se romperán y el agua caerá y regará la tierra dando lugar a la lluvia, convirtiéndose en una bendición para la tierra.

¿Para mí que significa la lluvia?

Si la lluvia es capaz de regalarnos tanta vida, cuánta vida nos traerá si esta lluvia es de Misericordia. Dejemos que fluyan en nosotras/os las relaciones de misericordia para con todo lo creado.

Permite que venga a ti una lluvia de imágenes de rostros de nuestro mundo herido, que necesitan   ser mirados y tratados con misericordia.

¿Crees que la comunidad de la tierra (seres vivos y no vivos)  también necesita de tu misericordia?

A lo largo del Antiguo Testamento, existe una gran riqueza de escritos que nos revelan la conexión que el pueblo judío tenía sobre su relación con la creación y con Dios en ella. Yahvé es quien dinamiza toda su creación. Él es quien puede hacer llover (Jr 10, 13; Job 36,27; Sal 65,10) y parar la lluvia (Dt 11,17).

La palabra de Yahvé es capaz de transformar y fecundar la vida: "del mismo modo que descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá de vacío, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar…así será la palabra de mi boca…realizará lo que me he propuesto y será eficaz" (Is 55,10-11).

En el Nuevo Testamento vemos cómo para Jesús el contacto con la naturaleza ha sido muy cercano. Basta oírlo hablar. Para él en la sencillez y belleza de la naturaleza puede escucharse la forma de ser de su creador. Dios es un Padre bueno que no sabe sino dar cosas buenas a sus hijos, como lo hace con las aves del campo (Mt 6,26).

Seguro Jesús ha sabido disfrutar del sol y de la lluvia, por eso no ha dudado en utilizar esa comparación para hablar de la misericordia de su Padre, que "hace salir su sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos" (Mt 5,45).

A lo largo de los Evangelios, encontramos muchas veces a Jesús invitándonos a dar la preferencia a la Misericordia en nuestras relaciones. Y alguna vez nos dijo que esta misericordia habría de ser como la de nuestro Padre (Lc 6, 36), pero… ¿Cómo es la misericordia del Padre? Jesús trató de responder a esta pregunta contando unas parábolas muy bellas, conmovedoras y desconcertantes. (Mt 20, 1-16; Lc 10, 29-37).

Traigamos a nuestra mente una parábola de la misericordia del Padre. Quizás la del "Padre bueno" (Lc 15,11), que no impone su autoridad, que acepta la libertad de decisión de su hijo, que  lo acoge rápidamente y sin reproches; que lo colma de besos y muestras de amor y ternura cuando a su regreso. La Misericordia de este padre bueno es capaz de levantar y restablecer la dignidad, es reconciliadora.

¿En mi vida, cómo experimento la misericordia de Dios?

Recuperemos algunas lluvias de Misericordia en nuestra vida. Momentos en los que hemos experimentado el abrazo tierno de la Misericordia de Dios "Madre-Padre". Imagina que esas muestras de amor son como gotas de agua que Dios "Madre- Padre" ha dejado caer sobre tu historia y sobre toda su creación. Son gotas de lluvia que él desea que corran por la tierra abriendo arroyos de vida y reverdeciendo
los campos.

Esta es también la Misericordia que San Juan Eudes y Santa María Eufrasia experimentaron y transmitieron.

Escuchemos la voz de San Juan Eudes que al predicar, nos trasmitía su sensibilidad para con los empobrecidos: "Es misericordioso el que lleva en su corazón por compasión las angustias de los atribulados".
San Juan Eudes también nos dijo que es Misericordioso el que tiene un gran deseo de socorrer al necesitado y hace de su deseo el motor de su acción.

Ser misericordioso es vivir amando, como lo entendió Santa María Eufrasia contemplando la figura del Buen Pastor: "el buen pastor, da la vida por sus ovejas (…). En efecto, ¿Qué hace un buen pastor? Sufre con frecuencia el hambre, la sed, toda clase de penalidades, con tal de lograr buenos pastos para sus ovejas, evitar que sufran y encontrar a la que había perdido. Se olvida de sí para cuidar de ellas. ¡Con qué solicitud las conduce donde pueden hallar buenos pastos!
Luego en otro lugar nos dice: «Lo único que he tenido, ha sido amor a las jóvenes y las he amado con todas las fuerzas de mi alma".

Date un tiempo y dialoga con San Juan Eudes y con Santa María Eufrasia

-Pídeles que te hablen de su experiencia de Misericordia.

-¿Qué llamadas/desafíos descubres en ese dialogo?

-Puedes concluir con la siguiente oración.

Oración
Señor, Tú eres compasivo con nosotros, pobres seres humanos. Regálame tu misericordia, para que sea misericordioso/a  conmigo mismo/a y tener entrañas de misericordia con quienes no pueden aceptarse a sí mismos/as. Anhelo un mundo más misericordioso que el nuestro tan intolerante.

Haz que tu espíritu de misericordia entre cada vez más hondamente en mí corazón, para que mi alma se ensanche. Para que  con un espíritu ensanchado yo invite a las personas que me rodean a verse a sí mismas con ojos bondadosos.






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