Audacia de Amar - OL- GS Carisma

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¿Conoces la historia del salmón? Te invito a leerla más extensamente,  pues es un ejemplo de determinación, de audacia, de gran fuerza, vigor, y resistencia.

El salmón nace en el río y permanece en agua dulce mientras es pequeño. Cuando llega su juventud, baja hasta el mar, donde vive y llega a su madurez. Al acercarse la época de la reproducción, emprende el camino de vuelta, volviendo exactamente al lugar donde nació, para desovar.

Es un viaje muy duro. Recorre centenares de kilómetros, llenos de dificultades, de rápidos y cascadas. Tiene que liberarse de las plantas acuáticas que lo tratan de retener, vence remolinos, rocas, árboles caídos y todo tipo de obstáculos. Parece que los salmones no comen nada, una vez que han comenzado su ascensión río arriba. Solo el instinto les da fuerzas para luchar contra corriente. Pero al llegar al lugar de su nacimiento, las hembras ponen los huevos y los machos los fertilizan. Ya pueden, agotados, morir: ellos si que han sido fecundos.

Esta historia del salmón nos puede ayudar a comprender la definición de AUDACIA que da el diccionario: intrepidez o sagacidad para hacer algo arriesgado. O, valor que se lleva a la práctica con osadía y atrevimiento, en favor de una gran causa u objetivo.

Cual es el objetivo de tu vida, por el que merece la pena luchar contra corriente?

Si fuera posible escribir una historia de Dios, bien podría titularse: "historia de la audacia infinita" o mejor, "la audacia de amar infinitamente". Pero ¿no es esto lo que nos relata la Sagrada Escritura desde el principio al final? « Dios es amor » (1Jn 4,7-16), y por lo tanto, no puede hacer otra cosa que "derramar, extender, esparcir" su amor, como ocurre con el perfume. Y lo hace, sin medida, en todo momento y en toda circunstancia.  La última palabra de Dios, siempre es el amor. Ante las infidelidades continuas del ser humano, el Señor siempre responde así:

"… Se olvidó de mí. Pero mira, voy a seducirla, la llevaré al desierto y y le hablaré al corazón…Haré en su favor un pacto el día aquel, con la bestia del campo, con el ave del cielo, con el reptil del suelo; arco, espada y guerra los quebraré lejos de esta tierra... yo te desposaré conmigo para siempre, te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasión, te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahveh". (Oseas, 2, 16.20-21).

"Lo más admirable que Dios realiza fuera de sí, es formar a Jesus en el seno purísimo de la Virgen" diría San Juan Eudes.
Podríamos, pues, decir que la Encarnacion es la mayor audacia del amor de Dios: "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. (Jn 3, 16).

Jesús se encarnó y reveló en un Profeta enviado por el Espíritu a anunciar a los pobres la Buena Noticia y a los oprimidos la liberación. Para la gente de entonces y de ahora, lo que Jesus decía  era algo incomprensible, casi un insulto: felices los que abrazan un estilo de vida sencilla, los que se mueven sin egoísmo, los que no dominan, los que respetan y defienden los sistemas de vida en el universo, los que son perseguidos… El reino de Dios les pertenece (Mt 5, 3-11). Esto creó el  recelo de los escribas, la irritación de los maestros de la ley y el rechazo de los dirigentes del templo, hasta acabar en su ejecución en la cruz.

Apóstoles, profetas, santos y mártires de todos los tiempos, experimentaron el amor de Dios, como fuego que inflama, ilumina y consume; se sintieron empujados a imitar a Cristo con valentía y corage, arriesgándolo todo, incluso la vida. Y todos conocemos hoy a personas que están dando respuestas audaces y peligrosas, a las llamadas urgentes de Dios. A esa urgencia que nace de su amor apasionado.

Santa Marie Eufrasia fue uno de esos testigos: "Siguió sus ideales nobles y grandes, con gran constancia. Nada podría desanimarla. Su valor se hacía aún más fuerte cuando se enfrentaba a los obstáculos. Su mente estaba llena de grandes proyectos y su corazón devorado por una santa ambición de hacer el bien, que consumió su alma grandiosa".
Basta pensar en pocos ejemplos: la construcción del túnel, las responsabilidades asignadas a Hermanas muy jóvenes, la fundación de 110 casas, el envío de Hermanas a misión con pocos medios y muchas incertidumbres…

Cual es la historia de tus "audacias"?

En qué se parecen a las audacias de Dios y  de Jesús?

Qué sientes ante las audacias de San Juan Eudes y de Santa María Eufrasia?

Crees que tus audacias fueron y son fecundas?

El reconocido teólogo Hurs Hans von Balthasar hizo un comentario señalando la falta de audacia en la Iglesia: "A finales del siglo segundo, cae sobre el espíritu (profético) de la Iglesia una escarcha que no ha vuelto a quitarse del todo".


Preocupado por recobrar el sentido profético de Jesús, el Papa Benedicto XVI invita a los creyentes a "difundir el evangelio y dar testimonio del mismo venciendo miedos e inercias, para que así puedan dar razón de su esperanza a quien se la pidiere, con audacia y sabiduría" aún en "circunstancias difíciles y peligrosas". Y dice que «la novedad en el anuncio del Evangelio no consiste en el uso de "nuevos métodos o técnicas originales", sino en imitar a Cristo, dando ejemplo y dejándose guiar por el Espíritu Santo ».
El mismo Papa, con su dimisión, ha dado un gran ejemplo de esa audacia, sabiduría y sentido profético, seguro de « confiar la Iglesia al cuidado del Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo »

Impregnados de toda la fuerza que tiene la fe, se nos pide arriesgar, en esa tarea de remontar el río y luchar contra corriente, hacia lugares donde podamos fertilizar la tierra. Arriesgar a ser, más que a hacer, a creer  y a esperar con confianza, a velar, a escuchar voces distintas,  a salir de círculos que nos mantienen adormecidos, a vencer miedos que nos paralizan, a afrontar los acontecimientos con sabiduría, a aprender a caminar a oscuras, a perder seguridades y  abrazar gestos proféticos…

"Seamos conscientes del fuego que arde en nuestro interior, un fuego que nos abraza con todos nuestros éxitos y fracasos, esperanzas y temores, alegrías y ansiedades. Es el Amor divino que nos invita a movernos con confianza y creatividad en nuestro futuro inimaginable, el futuro de nuestro planeta y el futuro de todo el Universo".


¿Cómo está hoy tu vida de valentía, de osadía, de fuego interior, para responder a la noble causa de extender el Reino de Dios?

¿Descubres algún miedo que te frena?

¿Sientes que hoy, te hace el Señor alguna llamada urgente y audaz? ¿Qué te dice? ¿Qué le dices?

Puedes orar con la 1ª Carta de San Juan, capítulo 4

Pide al Señor, para cada una, para el grupo y para la Congregación, el fuego de su presencia; fuego que transforma, renueva, enciende a los demás y se vuelve fuerza y novedad del presente y del futuro.





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